
© photo: Jq. Ruiz Millet 2004
Igor
Marojevic (Vrbas, Serbia y Montenegro, 1968) vive a caballo
entre Belgrado y Barcelona. En su país ha publicado la colección
de los relatos Los buscadores (Tragaci, 2001) y las novelas El engaño
del dios (Obmana Boga, 1997), Veinticuatro paredes (Dvadeset cetiri
zida, 1998) y El calor (ega, 2004, Premio Borislav Pekic).
Su segunda novela se adaptó y estrenó en el año
2003 en el BDP, un teatro belgradense. Su pieza teatral Los nómadas,
producida por el Institut del Teatre de Barcelona, se estrenó
en el 2004.
Ha sido incluido en varias antologías de literatura serbia, traducidas
al francés, el italiano y el húngaro.
En la UAB está escribiendo su tesina sobre los cuentos de Roberto
Bolaño. Traduce del castellano al serbio.
“El
engaño de Dios”
¿Cuál es la mejor forma de quitarse la vida? Si el suicidio
supone la renuncia suprema, el rechazo a participar, ¿qué
ocurre cuando alguien, para profundizar más si cabe en el propio
despojamiento, renuncia a la renuncia? Ésa es la decisión
que toma Oliver Jablan, que apuesta por «ahogarse conscientemente
en la miseria espiritual», a la espera de que la mediocridad,
la violencia y el azar circundantes hagan el trabajo que prefiere no
acometer personalmente.
En la primera novela de Igor Marojevic traducida al castellano asistimos
a un baile de máscaras animalescas y gastadas, que sobreviven
–si así puede llamarse a su estado de hundimiento–
en la Serbia de la víspera del bombardeo aliado. Es un mundo
obsesionado por el tema del suicidio (su apología, su crítica),
pero también por los nuevos tiempos capitalistas, por la especulación,
los recelos raciales o el culto al cuerpo. El recorrido culmina cuando
las bombas se ciernen sobre Belgrado, en una espléndida secuencia
final, un baile de los malditos –o de los necios– que esperan
ese apocalipsis como la única liberación posible. Nadie
confía en la vida, todos aspiran a morir, pero nunca levantarán
la mano contra sí mismos, porque, en el fondo, temen a Dios.
La última cobardía. Pero ¿qué ocurriría
si todo fuese una burla, si también Dios los engañara?
Marojevic, un talento
literario reconocido en su país, brinda una mirada de extrema
lucidez y absoluto desvalimiento, hábilmente combinados con el
humor negro, y aun macabro, que recorre no pocas de las páginas
de esta contundente nouvelle. El engaño del Dios supone la oportunidad
de descubrir una escritura brillante, con un excelente dominio del ritmo
y el tempo narrativos, económica, evocadora (en los olores, en
los gestos, los espacios, el retrato de los caracteres), con la que
se realiza la autopsia de unas vidas carentes de aliento y de un país
en proceso de descomposición. Un libro amargo como el té
sin azúcar o el café turco, pero tan apetecible como éstos.
Gonzalo
Pontón